31 de octubre de 2008

VIVA EL RELATIVISMO (2)



El rebosante abdomen de Juan Luis Ramírez, fontanero de profesión y madridista sobre todas las cosas, balanceaba su peso arriba y abajo mientras su dueño corría hacia el autobús que, aquella gélida mañana, había llegado algo más pronto de lo habitual a la parada del extremo de la urbanización de chalets adosados en la que vivía Juan Luis, allá en los arrabales de la periferia de las afueras de una ciudad satélite de la capital. "¡Autobusero, espere!", gritó desesperado, con la mejor cara de súplica que supo componer, y con el temor de esperar otra media hora o más al raso, más el atasco de las siete por añadidura, si perdía aquel transporte; pero el aludido, que miraba impasible hacia otro lado para no darse por tal, le cerró la puerta del autobús en las narices, o mejor, lo habría hecho si el ombligo no hubiera llegado varias décimas de segundo antes que la nariz.
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Con el retraso acumulado de toda la jornada, y con el mal humor que la falta de solidaridad del conductor y las reprimendas debidas a la impuntualidad le habían ido cargando en el carácter aquel día, sólo pudo llegar a última hora a la taquilla del estadio, donde pensaba comprar su entrada para la semifinal de la copa del Rey, y su humor llegó al límite más bajo posible cuando la taquillera le informó de que sólo quedaban disponibles los asientos más caros. No quería perderse el partido por nada del mundo, así que se rascó el bolsillo confiando en que Marisa, su mujer, no descubriera que había pagado por aquel vicio estúpido cuarenta euros más de lo que a ella le parecía ya un derroche. En fin, ya intentaría tomar menos cañas en los próximos días. Se consoló también pensando que desde aquella localidad vería el partido mucho mejor: casi podría charlar con los banquillos.
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Y, efectivamente, el día del encuentro comprobó que sus gritos eran percibidos con total claridad no sólo desde las bandas, sino incluso por los jugadores de campo, así que se empleó a fondo en el uso de su garganta chillona y de su arsenal de improperios, descargando las frustraciones de toda la semana, si no las de toda la vida. Y cuando lanzó en un quiliasmo aquello de "¡Negro hijoputa! ¡Vete a comerle el coño a la gorila que te parió!", el balompedista subsahariano al que iba dirigido tan sutil mensaje (un mensaje sutil de cojones, que diría aquel) se volvió enrabietado, ignorando al rival al que había derribado en lo que muchos describirían como un choque viril, y corrió hacia la banda, directo a por el gordinflón del que había surgido el piropo. Obembe, que así se llamaba el defensa, pasó por las primeras filas de la grada como un toro que salta el burladero, agarró al sorprendido Juan Luis, y con un extraordinario directo a la mandíbula lo mandó al suelo junto a varios de sus dientes (de los del fontanero, por supuesto).
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Obembe, además de recibir una tarjeta roja, como algunos de los jugadores que se enredaron en la trifulca que siguió al mamporro, fue sancionado por todo lo que restaba de temporada y gran parte de la siguiente. Juan Luis fue trasladado semiinconsciente a la enfermería y luego al hospital, y no pudo ver en directo cómo el Madrid perdía la eliminatoria en el último minuto de los siete que se había alargado el tiempo reglamentario a causa del jaleo. Lo que sí pudo experimentar sin problemas durante las siguientes semanas de baja fue el monumental enfado de Marisa, quien estaba de un humor de perros desde que su hijo vio el golpe por la televisión y ella había sacado consecuencias sobre los costes de todo aquello.
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Emilio Gómez sí terminó de ver el partido con sus amigos Pepe y Nacho en casa de este último, pero con un ojo puesto en el reloj que le acusaba de llegar tarde a la cita con su novia. Ella, además, odiaba el fútbol. Emilio se despidió con dos palabras dejando a sus amigos desolados por la derrota inmisericorde y entre maldiciones al árbitro por haber alargado el encuentro tantos minutos más de lo previsto. Salió del portal y se montó en su coche. Al encender las luces, un volkswagen que acababa de pasar por allí, ávido de una plaza de aparcamiento, dio un frenazo y puso la marcha atrás, pero Emilio había sacado ya medio morro a la calzada, lo que obstaculizaba demasiado la maniobra. Ambos coches quedaron unos instantes jugando al o-te-quitas-o-no-me-muevo, aderezado con algún claxonazo y ráfaga de luces, hasta que al final el volkswagen se marchó, y Emilio detrás, mientras una pareja comenzaba a discutir a gritos en la acera.
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El protagonista de nuestra historia, Alberto Guerrero, había visto la escena desde su coche en el cruce anterior, o mejor dicho, la había inferido por el juego de luces rojas, blancas y amarillas, y respiró aliviado al ver que ambos coches comenzaban a alejarse poco después. Un escaso minuto antes, el volkswagen había frenado ante la luz recién naranja del semáforo, y por poco no había chocado con él, aunque justo cuando se puso en rojo, el otro coche dio un acelerón y cruzó como un relámpago a la otra manzana. Alberto canturreó por la fortuna que aquel lance le había deparado, al permitirle encontrar una plaza de aparcamiento como hecha para él a aquellas horas en las que tanto escaseaban. La canción, en cambio, se detuvo en seco mientras Alberto salía del coche, debido al golpe que la mujer de la discusión dio en la puerta delantera derecha al caer al suelo por el puñetazo que le propinó su acompañante. Éste se avalanzó sobre el cuerpo tendido en el suelo y, entre insultos exacerbados, empezó a patearle el estómago, o todo cuanto pillara, pues la mujer se protegía en postura fetal. Alberto lo vio y corrió a interponerse entre la víctima y su agresor, lo que salvó la vida de la mujer. Lo último que Alberto sintió fue un golpe tremendo en la parte izquierda de la cabeza, que le hizo desmayarse entre un inmenso dolor.
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Al día siguiente, cuando fue incinerado, su hazaña salió en todos los medios.
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27 de octubre de 2008

TEMPUS FUGIT


Dos semanas ya desde que solicité el cambio de línea a Telehistriónica. Y además me dicen que, después de que tenga la línea fija en casa, tendré que pedir que me traigan el adsl (con el motocarro, I suppose) y que eso llevará otros diez días.
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Tempus fugit.
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15 de octubre de 2008

POR ESOS MEDIOS DE DIOS

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No es que sea yo muy mediático, pero en los últimos días ando saliendo por esos medios de Dios (El Faro de Vigo, y la Revista Muface).
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PD: Mañana me cambio de casa, y, por lo que me han dicho en la Telefónica, tardarán al menos dos semanas en instalarme la conexión, así que es posible que el Otto Neurath se quede un tiempo varado en algún bajío.
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12 de octubre de 2008

VIVA EL RELATIVISMO


El 23 de junio de 1967, Francisco López Martos, vicepresidente de la sociedad astronómica de Granada, y practicante de profesión, inició su campaña de observaciones veraniegas desde la terraza de su casita en Cáñar, cerca de Lanjarón. Tras desempolvar su viejo telescopio y preparar el equipo necesario para poder medir las posiciones, tomar sus notas, y pasar una noche al raso lo más cómodamente posible, ajustó su trasero al taburete y el ojo al ocular, y dirigió el objetivo hacia la constelación de Capricornio, que aquella noche clara se veía majestuosa, arriba en el cielo, en dirección al mar. Le gustaba empezar cada campaña por aquella zona del zodíaco, tal vez por la superstición de recordar que allí había sido, junto a la estrella Delta Capricorni, el lugar en donde en 1846 se había descubierto el planeta Neptuno. Como todo buen astrónomo aficionado, Paco "el Jeringas" tenía la callada esperanza de ser el primero en encontrar algún raro fenómeno, o al menos, algo que pudiera quedar asociado a su recuerdo.
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No llevaba ni media hora intentando identificar la nebulosa de Saturno (una nebulosa planetaria, a casi 4000 años luz de distancia, y que no tiene nada que ver con el planeta del mismo nombre, salvo un curioso parecido en su forma anillada), cuando percibió una especie de fogonazo, debilísimo, como el encendido de una linterna a dos kilómetros de distancia en una noche oscura y limpia. Creyó, en un principio, que se podía tratar de un bólido, o del reflejo de un avión, pero la pequeña mancha luminosa permanecía impertérrita en el mismo lugar durante aquellos primeros segundos de duda, y si hubiera sido algún fenómeno ocurrido en la atmósfera, debería moverse mucho más rápido, incluso aunque fuera lejano. El mismo razonamiento le llevó a descartar que se hubiera tratado de la explosión de algún satélite artificial, o de la caída de un módulo de las naves rusas o americanas que competían por conquistar la órbita terrestre. Tampoco sabía del lanzamiento de ninguna de ellas en los últimos días, aunque en esas cosas sospechaba que había también mucho secreto, y la información que llegaba a España era poca y a viajaba despacio.
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Así que, al cabo de unos minutos, decidió que lo que estaba viendo era un fenómeno astronómico con todas sus letras. La pequeña mancha, además, parecía crecer y cambiar de color: de un blanco azulado al principio, a un poco más amarillento, o eso le pareció. Podía tratarse de una supernova. Visiblemente nervioso, se levantó para avisar por teléfono a su amigo Fernando Losada, el secretario de la asociación, y decirle las coordenadas para que apuntara él también su telescopio, pero cuando pasó a la oscuridad del salón y se dio cuenta de que ya era más de la una de la madrugada, se imaginó el seguro sobresalto de la mujer y los niños de su amigo al despertarse con el timbre del teléfono a aquellas horas, y desistió del plan.
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Volvió al telescopio. La mancha era ahora más anaranjada, y también algo más débil, pero seguía exactamente en el mismo punto. Dudó de que una supernova pudiera cambiar tan rápidamente de color. Además, su luminosidad era tan poca que debería de estar enormemente lejos, sin discusión alguna fuera de nuestra galaxia. Pero entonces su tamaño tenía que ser descomunal, porque el destello no era un simple punto, sino una verdadera mancha que, echándole tal vez un poquitito de imaginación, crecía y crecía. Paco se dio cuenta de que la distancia a la eclíptica era sólo de algunos grados, de modo que también podía tratarse de un acontecimiento dentro del sistema solar. En ese caso, no podía ser ningún planeta, porque sus posiciones las conocía de memoria, y en aquellas semanas no había ninguno que pasara cerca de Capricornio. ¿Y si aquello fuese un asteroide? Pero no se le ocurría qué podía hacer brillar a un asteroide tan de repente... Bueno, tal vez los rusos o los americanos estuviesen probando un arma nuclear en aquella zona alejada de la Tierra. Ya habían conseguido enviar naves a la altura de Marte, de Venus y de Mercurio, así que no era una distancia inmanejable. Si aquello era verdad, era para echarse a temblar, y de hecho Paco notó un escalofrío repentino, y se ajustó la chaqueta de algodón con la que aguantaba el fresco serrano.
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Tomó su cuaderno y un lápiz, y anotó las coordenadas del espectáculo. Dudó qué descripción darle, mordiendo el lápiz con energía entre los colmillos y los premolares. "Lumbrera en Capricornio", escribió por fin. Dejó el cuaderno en su mesita, ajustó el ocular... pero allí arriba ya no había nada, nada que él pudiera distinguir con su telescopio. Lo movió unos segunos arriba y abajo, a oriente y a occidente, pero no encontró rastro de su mancha, de su lumbrera. Había desaparecido tan rápido como se iluminó.
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Se cansó de buscar al cabo de una hora, y no se sintió con ganas de observar el cielo por el resto de la noche. En realidad, pasaron varios días hasta que volvió a hacerlo, para preocupación de Anita, su mujer. Asustado por la posibilidad de que lo que había visto tuviera algo que ver con la Guerra Fría, y sabedor también del escepticismo con que en su gremio se recibían las observaciones irrepetibles, prefirió no mencionárselo a nadie, ni siquiera a su compañero Fernando, quien seguro que nunca se lo tomaría a chufla. Lo cierto es que al final del verano él mismo había olvidado aquella anécdota, distraído por nuevas experiencias. Sólo de tarde en tarde, al hojear sus cuadernos y ver la palabra "Lumbrera" sobre el sencillo dibujo a lápiz de una bola incandescente, y sobre todo, al pasar los años y ver que la guerra nuclear no estallaba ni en la tierra ni en el cielo, se permitía pensar en su descubrimiento con una desconfiada sonrisa.
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Ocho años después, Paco murió de un infarto mientras disfrutaba de su otra gran afición, la pesca de cangrejos en los ríos de la zona. Abandonó la vida regado por las gélidas aguas de Sierra Nevada, y sin saber que había sido el primero en contemplar el fin del mundo.
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BORODIN, NOCTURNO DEL CUARTETO Nº 2

8 de octubre de 2008

CONTRA LA "EPISTEMOLOGÍA BASADA EN LOS VALORES"

Bueno, aquí va un poco de droga dura. Esta es la charla que doy esta tarde en la universidad Erasmus, en Rotterdam. No os sintáis con la obligación de pasar todas las diapositivas (ni siquiera la de la portada).

7 de octubre de 2008

CIENCIA, IDEOLOGÍA Y RELIGIÓN

Os copio una charla que daré el martes que viene, 14 de octubre, en las XVIII Xornadas de Filosofía de Vigo. El programa general de las Xornadas lo copio debajo.
Además, en los próximos días andaré liado con seminarios y mudanzas, y dejaré el blog un poco abandonado.



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Sociedade, economía e ideoloxía (Sociedad, economía e ideología)

14, 15, 16 e 17 de outubro de 2008.

Horario: de 17.00h. a 21.30h.

Lugar: Auditorio da Fundación Caixa Galicia. VIGO

R/ Policarpo Sanz, nº 21.

Día 14.

16.30h. Apertura das Xornadas

17.00h. Jesús Zamora Bonilla: Pero, ¿non ía acabar a ciencia coa relixión e coa ideoloxía? (Pero, ¿no iba a acabar la ciencia con la religión y con la ideología?)

18.30h. Descanso

19.00h. Aurelio Arteta: Vítimas políticas, xustiza política (Víctimas políticas, justicia política)

Día 15.

17.00h. Xosé L. Barreiro Rivas: As ideoloxías na actividade política (Las ideologías en la actividad política)

18.30h. Descanso

19.00h. Emilio Lamo de Espinosa: Países emerxentes e nova sociedade-mundo (Países emergentes y nueva sociedad-mundo)

Día 16.

17.00h. Manuel Atienza: Ideoloxía, falacias e funcións sociais latentes (Ideología, falacias y funciones sociales latentes)

18.30h. Descanso

19.00h. Salvador Giner: A banalización da ideoloxía e o descrédito da verdade (La banalización de la ideología y el descrédito de la verdad)

Día 17.

17.00h. Jesús Mosterín: ¿Que hai de novo na dinámica cultural? (¿Qué hay de nuevo en la dinámica cultural?)

18.30h. Descanso

19.00h. Fernando Vallespín: Democracia e opinión pública (Democracia y opinión pública)

21.00h. CLAUSURA DAS XVIII XORNADAS

BIBLIA PARA TODOS


Dice Benedicto que la Biblia debería leerse en todos los colegios, públicos y privados (¡fantástico: en los concertados no!).

Me parece de cajón que la Biblia debería estar entre las cosas que formaran parte de la cultura que uno adquiere en la escuela (al menos en Occidente); y también hay que transmitir el conocimiento de otras tradiciones religiosas que han influido en la constitución de nuestra cultura cosmopolita (el mundo clásico, el islam, religiones orientales...).

Lo que es de cajón también es que no hay que dejar que esa enseñanza sea transmitida desde una orientación sesgada y proselitista, sino más bien desde una posición objetiva y crítica. Y esto especialmente en los colegios de la Iglesia.

Más argumentos aquí.
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3 de octubre de 2008

PROBLEMA PARA MATEMÁTICOS


Ha dicho el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que van a volver a subir las pensiones mínimas otro porrón. Llevan ya no se cuántos años subiendo, así que deben estar ya por encima de los 600 euros al mes que cobra mi suegra, y que hasta ahora ha tenido poco más que la subida del IPC previsto.

2 de octubre de 2008

VA DE LIBROS

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Un meme me ha mandado Citoyen
que en mi vida me he visto en tal aprieto:
decir qué libro es el que más respeto
y cuál no vale ni pa' el todo a cien.
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No sé si voy a responderle bien
si me pongo a escribirlo en plan soneto,
porque voy a llegar hasta el terceto
y de la rima soy un mal rehén.
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Así que, a ello: el que salvaría
de todos cuantos libros he leído,
La saga/fuga de Torrente fuera;
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pero La diffèrance (¡qué sinstentido!)
sin nada de pesar condenaría
al fuego de una post-moderna hoguera.
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(Paso este meme a Javier, a Juan y a Pablo).

1 de octubre de 2008